La Asociación de Estafados Española Victifin, que lleva años dando voz y apoyo a miles de afectados por fraudes financieros, celebra un nuevo avance internacional contra las estafas. Esta vez, el golpe ha sido contundente y proviene de Estados Unidos: una operación sin precedentes ha culminado con la incautación de 15.000 millones de dólares en bitcoins, vinculados a una red global de fraudes con base en el sudeste asiático.
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La mayor incautación de criptomonedas realizada por el gobierno de EE.UU.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) ha confiscado unos 15.000 millones de dólares en bitcoins, en lo que ya se considera la mayor operación de este tipo en la historia del país. El activo incautado estaba en manos de Chen Zhi, un empresario chino señalado como el principal cerebro detrás de una organización de estafas masivas conocida como “pig butchering” o “matanza de cerdos”.
La acusación formal contra Zhi fue presentada en un tribunal federal en Brooklyn, aunque el empresario continúa en paradero desconocido. Según los fiscales estadounidenses, Zhi es presidente del Prince Holding Group, un conglomerado con sede en Camboya que, lejos de ser solo una fachada empresarial, ocultaba una compleja red criminal dedicada a estafar a miles de personas mediante falsas inversiones en criptomonedas.
Una red de estafas basada en el trabajo forzado
Lo que diferencia este caso de otras tramas similares es la brutalidad del sistema. La Fiscalía estadounidense ha detallado que el grupo de Zhi controlaba auténticos “complejos de trabajo forzado” en Camboya, donde personas eran secuestradas o engañadas y luego forzadas a trabajar en estafas online. Estos centros operaban como auténticas fábricas de fraude digital, desde donde se ejecutaban elaboradas operaciones para atraer víctimas a falsas plataformas de inversión.
La mecánica era siempre la misma: se ganaba la confianza de la víctima, normalmente a través de redes sociales o aplicaciones de citas, y se la convencía para invertir en supuestas oportunidades seguras y muy rentables. Cuando el dinero era transferido, los estafadores desaparecían sin dejar rastro.
Se calcula que, a través de este sistema, se han robado miles de millones de dólares a ciudadanos de Estados Unidos, Europa y otros países.
Pig butchering: una estafa que crece en la sombra
El término “pig butchering” describe con crudeza la estrategia detrás del fraude: engordar a la víctima con promesas de riqueza hasta que entrega todos sus ahorros, para luego «sacrificarla» sin piedad. Este modelo de estafa no es nuevo, pero en los últimos años ha evolucionado a una escala industrial, especialmente en países del sudeste asiático como Camboya, Myanmar y Laos.
Según medios especializados, entre 2020 y 2024 estas operaciones fraudulentas movieron más de 75.000 millones de dólares a nivel global, muchas veces a través de criptomonedas como Tether (USDT), que permite transferencias rápidas y difíciles de rastrear. Estas redes criminales no solo se benefician de la falta de regulación en algunos países, sino también de la complicidad o pasividad de gobiernos que no persiguen con firmeza estas actividades.
Victifin lleva tiempo denunciando que el “pig butchering” está causando un daño silencioso pero devastador, especialmente a personas mayores o con pocos conocimientos tecnológicos, que son blanco fácil de este tipo de engaños.
Un cerco internacional cada vez más firme
Estados Unidos ha intensificado la lucha contra este tipo de estafas. En 2023, el DOJ confiscó 112 millones de dólares en criptomonedas ligadas a fraudes de inversión. Y en 2024, ha iniciado procesos para recuperar otros 225 millones más. La estrategia es clara: asfixiar financieramente a las redes y desmantelar las estructuras que les permiten operar a nivel global.
Además, se han impuesto sanciones directas contra el Prince Holding Group, incluyendo el congelamiento de activos y propiedades valoradas en más de 130 millones de libras en Reino Unido. Este tipo de medidas busca no solo castigar a los responsables, sino también lanzar un mensaje claro: los delitos financieros no quedarán impunes, aunque se oculten tras criptomonedas o empresas multinacionales.
Las investigaciones en curso revelan que los fondos sustraídos eran convertidos a criptomonedas, transferidos entre múltiples carteras digitales y finalmente blanqueados a través de plataformas de intercambio aparentemente legales. Un auténtico laberinto financiero diseñado para despistar a las autoridades.




