Los estafadores online forman parte del crimen organizado: para Victifin, esto no es ninguna novedad
El fiscal jefe alemán Nino Goldbeck, responsable de la investigación que terminó con la condena del antiguo CEO de Airsoft, Shay Benhamou, lo ha expresado de forma contundente en una entrevista publicada por infoLibre:
“Los estafadores online suelen compartir todos los rasgos del crimen organizado”.
Para Victifin, esta afirmación no supone ningún descubrimiento.
Es exactamente lo que llevamos años denunciando.
Detrás de muchas falsas plataformas de inversión no hay simplemente un individuo que decide crear una página web para engañar a varias personas.
Hay estructuras internacionales.
Hay tecnología.
Hay call centers.
Hay captadores.
Hay personas especializadas en ingeniería social.
Hay sociedades mercantiles.
Hay cuentas bancarias receptoras.
Hay mecanismos para mover y ocultar el dinero.
Y, en los casos más complejos, hay auténticas mafias internacionales dedicadas profesionalmente al fraude financiero.
Lo verdaderamente importante de las declaraciones de Goldbeck es que esta realidad que las víctimas y organizaciones como Victifin llevan denunciando durante años aparece ahora respaldada por una investigación judicial internacional de enorme dimensión.
Victifin lleva años advirtiéndolo: no estamos ante simples “chiringuitos financieros”
Durante demasiado tiempo se ha utilizado la expresión “chiringuito financiero” para describir muchas de estas plataformas.
El término es correcto cuando hablamos de entidades que ofrecen servicios de inversión sin autorización.
Pero puede quedarse muy corto cuando detrás existe una estructura criminal organizada.
Porque en determinados casos no estamos simplemente ante una empresa que carece de licencia.
Estamos ante organizaciones creadas precisamente para captar víctimas y quedarse con su dinero.
El supuesto bróker es una pieza.
La plataforma es otra.
El call center es otra.
Las cuentas bancarias son otra.
Los anuncios utilizados para captar víctimas son otra.
Y el movimiento posterior del dinero constituye otra parte de la estructura.
La víctima únicamente ve la punta del iceberg.
FakeTrade muestra la infraestructura que existe detrás
La investigación internacional FakeTrade, coordinada por European Investigative Collaborations (EIC) y Der Spiegel y en la que participa infoLibre, ha puesto ahora sobre la mesa uno de los ejemplos más claros.
En el centro aparece Airsoft, una empresa tecnológica israelí cuyo software fue utilizado, según la investigación publicada, por más de 440 páginas de inversión.
La investigación judicial alemana cifra en más de 950 millones de euros el dinero captado mundialmente por páginas que utilizaron este software entre 2018 y 2023.
Airsoft habría obtenido durante ese periodo aproximadamente 53 millones de euros en comisiones.
Y aquí aparece una cuestión fundamental.
No hablamos simplemente de páginas web fraudulentas.
Hablamos de la tecnología necesaria para fabricar la ilusión de que la víctima estaba realmente invirtiendo.
Lo que aparecía en la pantalla podía ser completamente falso
FakeTrade ha revelado que estas plataformas podían mostrar a las víctimas:
- operaciones aparentemente reales;
- gráficos financieros;
- saldos;
- beneficios;
- bonificaciones;
- pérdidas;
- retiradas.
Pero detrás podía no existir ninguna inversión.
El dinero podía no haber llegado nunca al mercado.
El supuesto inversor estaba viendo números dentro de una plataforma controlada por quienes pretendían convencerle para continuar ingresando dinero.
Los operadores podían incluso modificar determinados resultados.
Si necesitaban generar confianza, aparecían beneficios.
Si querían conseguir un depósito mayor, podían mostrar una inversión extraordinariamente rentable.
Y cuando la víctima quería retirar el dinero comenzaban los problemas.
El “bróker” que te llama puede estar trabajando desde un call center
Esta es otra realidad que Victifin lleva mucho tiempo explicando a las víctimas.
La persona que llama diciendo:
“Soy tu asesor financiero”
puede no ser ningún asesor.
Puede ser simplemente un operador especializado en manipulación psicológica.
Su función consiste en conseguir dinero.
Por eso llaman constantemente.
Por eso generan una relación personal.
Por eso preguntan cuánto dinero tienes disponible.
Por eso celebran contigo las supuestas ganancias.
Y por eso, cuando descubren que tienes más patrimonio, aparece inmediatamente una nueva oportunidad de inversión.
Según FakeTrade, algunos de los call centers relacionados con estas estructuras operaban desde países como Serbia y Bulgaria.
Cada persona tiene una función
Esta semana estamos viendo diferentes operaciones policiales que muestran precisamente este fenómeno.
Unos captan.
Otros llaman.
Otros proporcionan la tecnología.
Otros reciben el dinero.
Otros lo transfieren.
Otros convierten los fondos.
Otros crean sociedades.
Otros administran las páginas web.
La víctima puede hablar durante meses con una persona y creer que esa persona es “su bróker”.
Pero detrás pueden existir decenas o cientos de individuos.
Eso es precisamente lo que significa hablar de crimen organizado aplicado al fraude financiero digital.
Y después comienza el recorrido internacional del dinero
Cuando la víctima realiza una transferencia, la estafa no termina.
Comienza otra parte fundamental:
hacer desaparecer el dinero.
Los fondos pueden pasar por diferentes cuentas, sociedades, intermediarios o criptoactivos.
Cada movimiento dificulta posteriormente reconstruir el recorrido.
Y muchas veces las diferentes piezas se encuentran repartidas entre varios países.
Por eso Victifin siempre insiste en actuar rápidamente.
No estamos persiguiendo únicamente una página web.
Estamos intentando reconstruir una estructura.
Las mafias del fraude no conocen fronteras
Esta dimensión internacional tampoco es nueva.
Las grandes investigaciones de los últimos años han mostrado organizaciones con operaciones distribuidas entre diferentes jurisdicciones.
Y existe una vertiente todavía más grave: los complejos de estafas vinculados al pig butchering en países del Sudeste Asiático, donde investigaciones internacionales y organismos públicos han documentado también situaciones de trata de personas y trabajadores obligados a participar en fraudes online.
El fraude financiero digital se ha convertido en una industria transnacional.
Por eso resulta un error analizar cada plataforma fraudulenta como un caso completamente independiente.
Muchas pueden compartir:
infraestructura, proveedores tecnológicos, campañas publicitarias, call centers, métodos de ingeniería social y mecanismos para mover el dinero.
Airsoft demuestra la importancia de investigar también a quienes proporcionan la infraestructura
El caso Airsoft introduce además una cuestión fundamental.
Para combatir estas redes no basta con cerrar la página que aparece delante de la víctima.
Cuando una plataforma desaparece, mañana puede aparecer otra con otro nombre.
Hay que investigar también la infraestructura que permite operar al conjunto.
¿Quién proporciona el software?
¿Quién proporciona las telecomunicaciones?
¿Quién gestiona los call centers?
¿Quién recibe el dinero?
¿Quién facilita las cuentas?
¿Quién transforma o mueve los fondos?
¿Quién capta a las víctimas?
¿Dónde se anuncian?
Seguir únicamente el nombre comercial de una falsa plataforma significa perseguir una marca que puede desaparecer en cuestión de horas.
Hay que seguir la infraestructura y el dinero.
También hay que mirar hacia la captación
Y existe otra pieza de esta cadena que Victifin considera fundamental: cómo llegan las víctimas hasta estas organizaciones.
Muchas estafas financieras comienzan mediante publicidad online, redes sociales, falsos artículos periodísticos, suplantaciones de personajes conocidos o grupos de WhatsApp y Telegram.
Primero hay que encontrar a la víctima.
Después comienza la ingeniería social.
Y finalmente llega el dinero.
Por eso la prevención del fraude no puede empezar únicamente cuando una víctima ya ha transferido 20.000, 50.000 o 100.000 euros.
Tiene que comenzar en la captación.
Las víctimas no se enfrentan a aficionados
Comprender esto también resulta importante para eliminar uno de los mayores errores que existen alrededor de las víctimas de estafas.
No estamos hablando necesariamente de personas que han sido engañadas por un delincuente improvisado.
Se enfrentan a organizaciones que pueden disponer de tecnología, guiones de manipulación, formación, bases de datos, departamentos comerciales y herramientas específicamente destinadas a generar confianza.
Cada conversación puede estar diseñada para llevar a la víctima al siguiente depósito.
Cada supuesto beneficio puede tener una finalidad.
Cada llamada puede formar parte de una estrategia.
La ingeniería social no es improvisación. Puede ser un proceso profesionalizado.
Nino Goldbeck no descubre algo nuevo: confirma la dimensión del problema
Por eso, desde Victifin, las declaraciones del fiscal alemán Nino Goldbeck tienen una enorme importancia, pero no porque revelen algo que desconocíamos.
Lo importante es que una investigación judicial de esta magnitud vuelve a situar el fraude online donde realmente corresponde: dentro del ámbito del crimen organizado transnacional cuando concurren estas estructuras.
Llevamos años viendo víctimas de falsas inversiones.
Llevamos años observando cómo cambian los nombres de las plataformas mientras el modus operandi permanece prácticamente intacto.
Llevamos años viendo supuestos brokers, profesores, asistentes, aplicaciones, grupos de inversión, falsas ganancias y problemas cuando llega el momento de retirar el dinero.
Los nombres cambian.
La estructura se repite.
Desde Victifin seguiremos insistiendo: hay que perseguir la estructura completa
Cerrar una página fraudulenta es necesario.
Bloquear una cuenta bancaria es necesario.
Detener a un captador es necesario.
Pero si detrás existe una organización internacional, hay que ir mucho más lejos.
Hay que identificar la infraestructura tecnológica, seguir el dinero, investigar los call centers, determinar quién proporciona los medios necesarios para operar y analizar los mecanismos utilizados para captar nuevas víctimas.
Porque mientras permanezca intacta la infraestructura, una plataforma cerrada puede convertirse mañana en otra con diferente nombre, diferente logotipo y exactamente los mismos delincuentes detrás.
El fraude financiero online no puede combatirse únicamente persiguiendo páginas web. Hay que perseguir las redes que las crean, las alimentan y se benefician de ellas.
Eso es lo que Victifin lleva años defendiendo.
Y las investigaciones internacionales están permitiendo comprobar hasta qué punto el problema es mucho mayor que una falsa plataforma de inversión.






