El fin de la inmunidad: La demanda en Estados Unidos que amenaza el escudo legal de Meta ante el fraude financiero
El escrutinio judicial sobre los gigantes tecnológicos ha dejado de ser una amenaza teórica para convertirse en un asedio global coordinado. A las recientes acciones de la fiscalía de California, la ofensiva civil en Tailandia y la histórica querella penal que desde España impulsamos junto al letrado Mauro Jordán de la Peña, se suma ahora un frente judicial en Estados Unidos que podría cambiar para siempre las reglas del juego en internet.
Según revela un reciente análisis de la cadena británica BBC, los tribunales estadounidenses tramitan actualmente cuatro macrodemandas que cuestionan el modelo de negocio de las grandes plataformas. Sin embargo, para la lucha contra las redes internacionales de cibercrimen, hay un caso que destaca por encima de los demás: el litigio impulsado por el empresario Andrew Forrest contra Meta en California.
El caso Forrest: Enriquecimiento ilícito a costa del engaño
El doctor Andrew Forrest, reconocido empresario australiano, decidió llevar a la matriz de Facebook e Instagram ante los tribunales en 2022 tras comprobar cómo su nombre y su imagen eran utilizados sistemáticamente en anuncios fraudulentos para engañar a miles de ciudadanos con falsas promesas de inversión.
La demanda de Forrest no se limita a exigir la retirada de los anuncios, sino que ataca el corazón financiero del algoritmo. La acusación se fundamenta en dos pilares irrefutables:
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Negligencia corporativa: La absoluta inacción de la compañía para combatir de forma efectiva las campañas de fraude que suplantan identidades para arruinar a los inversores.
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Enriquecimiento ilícito: El hecho demostrado de que Meta factura, cobra y se lucra por la difusión de estas estafas, ingresando los pagos publicitarios de las mafias independientemente del daño patrimonial que el anuncio cause a la víctima final.
El verdadero objetivo: Derribar la Sección 230
Lo que hace que el caso Forrest sea un punto de inflexión histórico es su objetivo jurídico central. La demanda solicita formalmente al tribunal que declare inaplicable en este caso la famosa Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones.
Promulgada en 1996, en los albores de internet, esta sección es el gran escudo protector de Silicon Valley. Es la norma que otorga inmunidad legal a las plataformas tecnológicas, considerándolas meros «intermediarios neutrales» que no pueden ser responsabilizados por el contenido que terceros publican en ellas. Durante casi tres décadas, Meta se ha parapetado tras este escudo para ignorar a las víctimas de los chiringuitos financieros.
Si el tribunal falla a favor de Forrest y dictamina que la Sección 230 no protege a una corporación cuando esta participa activamente en la monetización, optimización y segmentación de anuncios fraudulentos, décadas de jurisprudencia saltarían por los aires. Las plataformas pasarían a ser legalmente responsables de la publicidad delictiva que albergan y cobran.
Una misma guerra a ambos lados del Atlántico
La tesis que defiende esta demanda en California es el reflejo exacto de la arquitectura jurídica sobre la que hemos construido nuestra querella penal en España.
Cuando desde Victifin, representando a más de 300 familias con un perjuicio superior a los 36 millones de euros, llevamos a los directivos de Meta ante los jueces, lo hacemos bajo la misma premisa inquebrantable: quien cobra por difundir el fraude, segmenta a la víctima y le entrega la herramienta tecnológica al criminal, no es un actor neutral; es un cooperador necesario.
Las plataformas tecnológicas han construido imperios billonarios escudándose en leyes redactadas cuando las redes sociales ni siquiera existían. Hoy, frente al avance imparable del fraude financiero digital, la justicia internacional ha comenzado a despertar. La caída de la Sección 230 en Estados Unidos supondría el golpe de gracia definitivo para forzar a Meta a asumir, de una vez por todas, su responsabilidad in vigilando frente a la ciudadanía.






