La CNMV señala a las redes sociales por las estafas de inversión: “No puede ser que sean cómplices de los estafadores”
El debate sobre la responsabilidad de las grandes plataformas digitales ante las estafas de inversión difundidas mediante redes sociales acaba de dar un salto importante en España.
Esta vez no lo denuncia únicamente una asociación de víctimas.
No lo dice una persona que ha perdido sus ahorros después de pulsar sobre un anuncio.
Lo está diciendo públicamente el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
Carlos San Basilio ha advertido este 29 de septiembre de 2026, en una entrevista publicada por EL PAÍS, de que el fraude financiero está creciendo de forma exponencial y ha reclamado una implicación mucho mayor de las plataformas que sirven como vehículo para estas operaciones. El País
Su declaración es especialmente contundente:
“No puede ser que las redes sean cómplices de los estafadores”.
Y desde Victifin consideramos que esta frase señala directamente uno de los problemas que llevamos tiempo documentando: la captación digital es una pieza fundamental de muchas estafas de inversión actuales.
La CNMV ya no habla únicamente del estafador: habla de la plataforma que permite llegar hasta la víctima
Hasta hace relativamente poco, buena parte del debate se centraba en localizar al autor de la estafa.
¿Quién creó la plataforma?
¿Quién controla la cuenta bancaria?
¿Quién está detrás del número de WhatsApp?
¿Dónde terminó el dinero?
Todas estas preguntas siguen siendo esenciales.
Pero falta otra:
¿Cómo encontró el estafador a la víctima?
En una cantidad creciente de los casos que llegan a Victifin, el primer contacto no se produce mediante una llamada aleatoria.
Comienza con publicidad en redes sociales.
El usuario está utilizando Facebook, Instagram u otra plataforma y encuentra un anuncio relacionado con inversiones.
Puede aparecer:
un banco conocido;
un economista;
un empresario;
un gestor de fondos;
una celebridad;
un supuesto artículo periodístico;
una plataforma de inteligencia artificial;
o una comunidad gratuita de inversión.
El anuncio genera confianza.
La víctima pulsa.
Y empieza el proceso.
Carlos San Basilio reclama prevención y reacción
La posición expresada por el presidente de la CNMV contiene dos exigencias diferentes.
Por una parte, reclama una actuación preventiva.
Por otra, exige capacidad de reacción cuando la estafa ya ha sido identificada.
San Basilio sostiene que, una vez detectado un fraude en una red social, el contenido debería eliminarse y advierte de que no todas las plataformas lo hacen. El País
La diferencia es fundamental.
No estamos hablando solamente de retirar publicidad después de que cientos de personas hayan sido captadas.
La prevención plantea una pregunta anterior:
¿qué controles existen antes de permitir que una campaña financiera llegue a miles de usuarios?
Porque el daño comienza antes de la transferencia bancaria.
Comienza con la captación.
Victifin lleva meses documentando exactamente este recorrido
En Victifin estamos observando una estructura extraordinariamente repetitiva.
1. Aparece el anuncio
Normalmente presenta una oportunidad financiera excepcional.
Puede prometer:
rentabilidades extraordinarias;
acciones que supuestamente van a dispararse;
acceso a inversiones institucionales;
inteligencia artificial capaz de operar automáticamente;
o participación en un grupo privado dirigido por expertos.
2. Se utiliza una identidad que genera confianza
Aquí encontramos uno de los fenómenos más preocupantes.
Estamos documentando campañas que utilizan nombres, imágenes o referencias de:
entidades financieras;
gestoras;
economistas;
empresarios;
analistas;
periodistas;
y personajes públicos.
Que aparezca una persona real no significa que esa persona participe en la campaña.
Precisamente la suplantación consiste en utilizar su reputación sin autorización.
3. La víctima termina en WhatsApp
Después aparece:
“Únete a nuestro grupo gratuito”.
Y comienza una segunda fase de ingeniería social.
Un supuesto profesor explica los mercados.
Una asistente atiende individualmente.
Otros miembros celebran operaciones rentables.
Se publican análisis.
Se muestran capturas de beneficios.
Se generan rutinas diarias.
El usuario deja de percibirlo como un anuncio.
Ahora siente que pertenece a una comunidad.
4. Llega la inversión
Finalmente aparece una aplicación, web, supuesto bróker o sistema exclusivo.
La víctima transfiere dinero.
La pantalla empieza a mostrar beneficios.
5. El problema aparece al retirar
Entonces pueden comenzar las excusas:
“Debe completar el ciclo”.
“Su cuenta está siendo revisada”.
“Debe pagar impuestos”.
“Es necesaria una verificación AML”.
“Debe ingresar una garantía”.
“Su cuenta ha sido bloqueada”.
“Debe aumentar el capital antes de retirar”.
Y el dinero que aparecía perfectamente visible en una pantalla resulta extraordinariamente difícil de recuperar.
El anuncio no es una parte secundaria de la estafa
Este punto es esencial.
Un anuncio fraudulento no es simplemente una fotografía que aparece en Facebook o Instagram.
Puede ser la puerta de entrada al delito.
Sin captación no hay víctima.
Y las plataformas poseen capacidades tecnológicas que permiten segmentar publicidad con enorme precisión.
Edad.
Intereses.
Ubicación aproximada.
Comportamiento digital.
Interacciones.
Afinidades.
Audiencias similares.
La misma sofisticación tecnológica que permite vender legítimamente un coche, unas zapatillas o unas vacaciones puede utilizarse para encontrar potenciales víctimas de una falsa inversión.
Por eso el problema de la publicidad financiera fraudulenta no puede analizarse exclusivamente desde el último eslabón de la cadena.
Victifin está encontrando suplantaciones cada vez más sofisticadas
En los últimos meses estamos documentando campañas en las que se utilizan nombres de empresas financieras perfectamente legítimas.
La víctima busca el nombre en Internet.
La compañía existe.
Incluso puede estar regulada.
Y entonces piensa:
“Es real”.
Pero está comprobando la empresa equivocada.
La pregunta correcta no es solamente:
“¿Existe esta compañía?”
Hay que preguntar:
“¿Este anuncio pertenece realmente a esta compañía?”
“¿Este número de WhatsApp está autorizado por ella?”
“¿Este dominio es suyo?”
“¿Esta aplicación está publicada por la entidad?”
“¿La cuenta bancaria a la que envío dinero pertenece realmente a la compañía?”
Una entidad financiera legítima puede ser víctima de suplantación exactamente igual que el inversor.
La declaración de la CNMV llega en un momento especialmente significativo
Existe además otro movimiento regulatorio reciente.
El 15 de septiembre de 2026, la CNMV y Autocontrol firmaron un convenio de colaboración en materia de control de la actividad publicitaria, publicado en el BOE el 28 de septiembre.
El acuerdo contempla colaboración sobre comunicaciones comerciales relacionadas con productos y servicios financieros sometidos a la actividad supervisora de la CNMV. BOE
Es decir, publicidad y fraude financiero están entrando cada vez más claramente dentro de la agenda regulatoria.
La CNMV confirma además que existen procesos sancionadores
Hay otra frase de San Basilio que no debería pasar inadvertida.
Al abordar la respuesta frente al fraude, el presidente de la CNMV afirma que el organismo ha iniciado procesos sancionadores que actualmente están en proceso judicial. El País
El alcance concreto de esos expedientes no queda detallado en la entrevista publicada, por lo que no sería correcto atribuirlos sin más a una plataforma tecnológica determinada.
Pero la declaración demuestra que la respuesta del supervisor no se limita a publicar advertencias.
Existen actuaciones sancionadoras.
Los influencers financieros también están en el punto de mira
San Basilio introduce además otro elemento.
Los llamados finfluencers.
El presidente de la CNMV reconoce que los creadores de contenido financiero pueden desempeñar una función positiva acercando la inversión a nuevos públicos.
Pero establece una diferencia esencial:
recomendar una inversión no es lo mismo que recomendar un restaurante.
San Basilio afirma que quienes realizan recomendaciones financieras asumen responsabilidades y que la CNMV está actuando contra quienes incumplen el marco regulatorio. El País
Y esto adquiere todavía más importancia con las suplantaciones.
Porque una cosa es que una persona conocida recomiende realmente una inversión.
Y otra completamente diferente es que una organización criminal robe su fotografía, clone su voz con inteligencia artificial o invente una entrevista para hacer creer que recomienda algo que jamás ha recomendado.
La inteligencia artificial multiplica el problema
El escenario está evolucionando rápidamente.
Ya no necesitamos una falsificación rudimentaria.
Actualmente pueden generarse:
vídeos;
voces;
entrevistas;
fotografías;
noticias;
documentos;
y páginas completas
con una apariencia extremadamente convincente.
La IA puede abaratar tanto la creación como la personalización del engaño.
San Basilio sitúa precisamente la inteligencia artificial entre los principales riesgos actuales para los mercados. El País
Para una víctima, distinguir una entrevista real de una falsificación puede ser cada vez más difícil.
Criptomonedas y redes sociales: dos multiplicadores del fraude
El presidente de la CNMV identifica específicamente las redes sociales y los criptoactivos como elementos que facilitan el fraude financiero. También afirma que este tipo de fraude continúa creciendo exponencialmente y que la CNMV trabaja directamente con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El País
La combinación resulta especialmente problemática.
La red social permite encontrar a la víctima.
WhatsApp o Telegram permiten trasladarla a un espacio privado.
Una falsa plataforma permite mostrar beneficios inexistentes.
Y las criptomonedas pueden utilizarse posteriormente para desplazar los fondos.
Cada pieza cumple una función.
Y después de la primera estafa puede llegar una segunda
Victifin está observando además otra consecuencia.
Meses después de perder dinero, algunas víctimas reciben mensajes inesperados.
Una empresa asegura:
“Hemos localizado sus fondos”.
Un supuesto abogado afirma conocer la plataforma en la que perdió dinero.
Un investigador asegura haber localizado una wallet.
Un falso organismo internacional promete liberar el capital.
Entonces comienza el denominado:
fraude de recuperación.
La misma víctima puede ser monetizada nuevamente.
Y esto plantea otra pregunta enormemente importante:
¿cómo sabe ese nuevo interlocutor que esa persona perdió dinero?
Los datos de las víctimas también tienen valor.
La educación financiera es necesaria, pero no puede convertirse en una excusa
San Basilio considera que la educación financiera será una de las principales herramientas a medio y largo plazo y plantea incluso incorporar competencias financieras básicas al currículo educativo. El País
Victifin comparte la importancia de la prevención.
Pero hay una diferencia que debemos dejar clara:
educar al ciudadano no sustituye la responsabilidad de quienes controlan las infraestructuras utilizadas para captarlo.
Podemos enseñar a reconocer una estafa.
Podemos explicar que una rentabilidad extraordinaria implica riesgos.
Podemos advertir contra grupos de WhatsApp.
Pero ninguna víctima debería tener que competir individualmente contra organizaciones capaces de comprar publicidad, utilizar inteligencia artificial, falsificar identidades y desplegar campañas internacionales.
La prevención debe producirse también antes de que el anuncio llegue a la pantalla.
El problema ya no puede reducirse a “la víctima debería haberse dado cuenta”
Esta idea debe desaparecer.
Las estafas modernas explotan:
confianza;
autoridad;
urgencia;
prueba social;
miedo;
avaricia;
reputación;
tecnología;
y conocimiento de comportamiento humano.
Además, detrás de algunas operaciones existen organizaciones internacionales con trabajadores especializados, infraestructuras tecnológicas y enormes recursos económicos.
La pregunta institucional no puede limitarse a:
“¿Por qué cayó la víctima?”
También debemos preguntar:
“¿Quién permitió que el estafador llegara hasta ella?”
Las palabras del presidente de la CNMV marcan un cambio relevante
Que el máximo responsable del supervisor financiero español diga públicamente que las redes sociales no pueden ser “cómplices de los estafadores” tiene un peso evidente.
No determina por sí mismo la responsabilidad jurídica de una plataforma concreta.
Esa cuestión depende de la legislación aplicable, de los hechos de cada caso y, cuando existe litigio, de lo que determinen los tribunales.
Pero políticamente y regulatoriamente el mensaje resulta claro:
las plataformas forman parte del problema que las autoridades quieren abordar.
La discusión ya no consiste únicamente en perseguir al delincuente después de que desaparezca el dinero.
También consiste en impedir que pueda captar masivamente a sus víctimas.
Desde Victifin lo tenemos claro: hay que cortar la estafa en el anuncio
Cuando una víctima llega a nosotros después de haber perdido 20.000, 50.000, 100.000 o 300.000 euros, el daño ya está hecho.
Podemos ayudar.
Podemos analizar cuentas.
Podemos reconstruir transferencias.
Podemos estudiar wallets.
Podemos identificar dominios.
Podemos documentar administradores de WhatsApp.
Podemos poner la información en conocimiento de las autoridades.
Pero existe una actuación muchísimo más eficaz:
evitar que la víctima llegue a entrar en la estafa.
Y eso significa intervenir en el primer punto de contacto.
El anuncio.
Facebook, Instagram y otras plataformas tienen delante una pregunta difícil
La tecnología permite detectar desnudos.
Copyright.
Spam.
Contenido violento.
Cuentas falsas.
Comportamientos automatizados.
Operaciones coordinadas.
Entonces existe una pregunta legítima que las víctimas tienen derecho a plantear:
¿qué mecanismos se están utilizando para impedir que una organización compre publicidad financiera utilizando la identidad de un banco, un gestor de fondos, un empresario o un personaje público?
Y cuando una campaña ha sido denunciada:
¿cuánto tarda realmente en desaparecer?
Ese es el debate que acaba de colocar sobre la mesa el presidente de la CNMV.
Conclusión: ya no basta con perseguir al estafador cuando el dinero ha desaparecido
Carlos San Basilio ha verbalizado desde la CNMV una realidad que las víctimas conocen desde hace tiempo.
El fraude financiero moderno necesita infraestructura.
Necesita llegar hasta las personas.
Y las redes sociales pueden desempeñar un papel decisivo en esa captación.
La respuesta debe producirse en todos los niveles:
reguladores;
policía;
Fiscalía;
juzgados;
bancos;
proveedores tecnológicos;
plataformas digitales;
y educación financiera.
Pero existe una prioridad evidente:
impedir que el fraude llegue a la víctima.
Porque cuando una plataforma de inversión falsa ya tiene el dinero, la investigación se vuelve extraordinariamente más difícil.
Cuando todavía estamos delante del anuncio, aún podemos evitarlo.
Las declaraciones de San Basilio abren ahora una cuestión mucho mayor:
si una plataforma conoce que determinadas campañas están siendo utilizadas para captar víctimas de estafas financieras, ¿qué debe hacer y qué consecuencias debe afrontar cuando no actúa?
Esa será una de las grandes discusiones regulatorias y judiciales de los próximos años.
¿Llegaste a una falsa inversión desde Facebook o Instagram?
En Victifin estamos documentando específicamente anuncios de inversión fraudulentos, suplantaciones de entidades financieras y grupos de WhatsApp a los que las víctimas llegan después de pulsar publicidad en redes sociales.
Soy Jessica González, presidenta de Victifin. Si has perdido dinero en una falsa inversión, estudiamos gratuitamente tu caso.
Conserva especialmente la captura del anuncio, URL, nombre de la página que lo publicó, fecha, teléfonos de WhatsApp, grupo, administradores, dominio de la plataforma, aplicación, IBAN, titular de la cuenta receptora y, si utilizaste criptomonedas, wallet, red y TxID.
Hemos iniciado una demanda colectiva contra META, has sido estafado y te captaron a través de Facebook o Instagram? UNETE!!!!






