Black Axe y las redes de África Occidental: de qué viven y en cuántos países
La mafia nigeriana que Interpol nombra no es un solo cuartel general. Es Black Axe, la rama violenta del Neo Black Movement of Africa, fundado en 1977 en la Universidad de Benín, más una nube de cofradías —Eiye, Vikings, Buccaneers— y de operadores sueltos a los que en Nigeria llaman Yahoo Boys. Europol sitúa la cúpula en nacionales nigerianos. La operación, no. Jackal IV, de noviembre de 2025 a junio de 2026, reunió a 23 países de seis continentes y acabó con 58 detenidos y 263 sospechosos. Esa lista es el mapa real.
Los tipos que Interpol les atribuye, por nombre y no por procedimiento, son tres. La estafa romántica: una relación larga, por una app o una red, que acaba en una petición de dinero. El fraude de inversión y de criptomonedas, a menudo mezclado con la anterior. Y el compromiso de correo empresarial, el BEC: un mensaje que suplanta a un proveedor o a un directivo y desvía una transferencia. A eso se suman, en Nigeria y en la diáspora, violencia de culto, tráfico y blanqueo para terceros. Interpol dijo en 2026 que estas redes son responsables de una parte significativa del fraude financiero online del mundo, y que el negocio se mide en miles de millones al año. En la misma operación advirtió de un giro: el reclutamiento de menores, de hasta 14 años, para hacer de mula o de perfil.
Dónde operan se lee en la lista de Jackal IV: Austria, Argentina, Australia, Canadá, Costa de Marfil, Francia, Alemania, Indonesia, Irlanda, Italia, Japón, Malasia, Países Bajos, Nigeria, Portugal, Rumanía, Sudáfrica, España, Suecia, Suiza, Emiratos Árabes, Reino Unido y Estados Unidos. Veintitrés países en una sola operación, no el total histórico. Informes anteriores de la misma serie sitúan células también en el Golfo y en más plazas de Asia. No hay un censo de víctimas por país. Hay células que desde un piso de Johannesburgo, de Dublín o de Madrid pegan a jubilados de media docena de países de habla inglesa a la vez.
El caso más concreto de Jackal IV es el de Sudáfrica. La policía entró en siete locales de Johannesburgo de una red de estafa romántica y de inversión contra jubilados. La estructura tenía gente asignada a convertir a la víctima y gente asignada a retenerla. Se incautaron 2,67 millones de dólares, se bloquearon 257 cuentas y se detuvo a 39 personas. Es una célula, no el grupo. En Nigeria, la EFCC coopera con Interpol y con el FBI; el 8 de octubre de 2026 la policía de Delta aún detenía a tres presuntos miembros de Black Axe en una reunión, con un AK-47 y dos escopetas. El culto armado y la estafa online son el mismo nombre en dos escenarios.
España está en la lista de los 23. No hay una cifra pública de cuánto se llevaron aquí. Las células que la Policía Nacional y la Guardia Civil han desarticulado en Madrid, Barcelona y la costa encajan en el patrón: piso, perfiles, mulas locales que mueven la transferencia, y el dinero que sale antes de que el banco pregunte. Entran en las 429.677 estafas informáticas de 2025, sin un renglón que diga Black Axe.
A cuántos países estafan no tiene una respuesta de una cifra. La operación de 2026 demuestra actividad coordinada en 23. El histórico de la serie Jackal y los informes de Europol amplían el mapa a varias decenas, en los cinco continentes habitados. El grupo no necesita una sede en cada uno. Necesita un perfil, una cuenta y una mula. Eso cabe en un piso de alquiler.
Los países que se pueden contar son los de la operación, no los de un censo.
Jackal IV, de Interpol, entre noviembre de 2025 y junio de 2026, reunió a 23 países: Austria, Argentina, Australia, Canadá, Costa de Marfil, Francia, Alemania, Indonesia, Irlanda, Italia, Japón, Malasia, Países Bajos, Nigeria, Portugal, Rumanía, Sudáfrica, España, Suecia, Suiza, Emiratos Árabes, Reino Unido y Estados Unidos. Es el mapa de una investigación, no el total. Informes anteriores de la misma serie y de Europol añaden células en el Golfo y en más plazas de Asia. En la práctica, varias decenas de países en los cinco continentes. No hay una cifra oficial de “a cuántos estafan”.
Cómo operan, en el sentido del procedimiento, no lo desarrollo. Lo que sí está publicado, a escala de estructura, es esto: Black Axe es jerárquico, con cúpula ligada a nacionales nigerianos y células locales, no un cuartel general que llame desde Lagos a todo el mundo. Interpol les atribuye tres tipos de fraude, por nombre: estafa romántica, fraude de inversión y criptomonedas, y compromiso de correo empresarial, además de blanqueo para terceros. En la redada de Johannesburgo la policía describió una célula con gente asignada a captar y gente asignada a retener a la víctima, siete locales, 39 detenidos y 257 cuentas bloqueadas. En España el rastro es el de pisos y mulas, dentro de las 429.677 estafas informáticas de 2025, sin un desglose que lleve el nombre del grupo.
El grupo no necesita sede en cada país. Necesita una célula y una cuenta. Por eso 23 países en una sola operación no es el techo.
La jerarquía que se puede describir es la del grupo, no la del fraude.
Black Axe no es una banda de barrio con un jefe y diez teléfonos. Interpol y Europol la tratan como una organización con cúpula, zonas y células, heredera de una cofradía universitaria.
Arriba está el Neo Black Movement of Africa, fundado en 1977 en la Universidad de Benín. Black Axe es el nombre con el que policía y prensa designan su rama violenta y, fuera de Nigeria, la red criminal. La cúpula, según Europol, está formada por nacionales nigerianos. El órgano que el propio movimiento reconoce es un consejo nacional, con un presidente y una ejecutiva. Debajo, el territorio se parte en zonas —Nigeria primero, después la diáspora— y cada zona tiene un jefe de zona. La célula local, el “forum” o la rama de una ciudad europea, responde a esa zona, no a un cuartel general que opere el fraude del día.
El ingreso es de cofradía: rito, nombre de miembro y obediencia, no un contrato. Eso explica por qué en Delta, el 8 de octubre de 2026, la policía disolvió una reunión y detuvo a tres presuntos miembros con armas. El culto y la estafa comparten nombre y disciplina. No comparten, en las fuentes abiertas, un organigrama único del fraude.
Fuera de Nigeria la estructura que la policía sí ha visto es más plana. En la redada de Johannesburgo de Jackal IV, la célula tenía funciones separadas —quien captaba y quien retenía a la víctima—, siete locales y 39 detenidos, sin un “presidente” en el piso. Es el patrón de la diáspora: una zona que cobra o que autoriza, y una célula que trabaja un país o una lengua. España entra en ese segundo nivel. Las células desarticuladas en Madrid, Barcelona y la costa no tenían encima un consejo nacional visible; tenían mulas, pisos y una conexión hacia arriba que la causa rara vez llega a sentar.
No hay un censo de zonas ni de miembros. Las cifras que circulan —decenas de miles en Nigeria, células en varias decenas de países— son estimaciones de informes, no un padrón. Lo firme es el esquema: consejo y zonas en origen, célula por país en la diáspora, y un oficio —estafa romántica, inversión, compromiso de correo— que la célula ejecuta sin que el jefe de zona tenga que estar en la sala. Jackal IV, con 23 países y 58 detenciones, pegó en las células. No llegó al consejo.






