Caso Tradex: ocho años de prisión por una estafa de inversión que prometía ganar un 50% en dos meses
El caso Tradex contiene muchas de las señales que desde Victifin recomendamos aprender a identificar antes de entregar dinero a cualquier supuesto gestor de inversiones.
Rentabilidades extraordinarias.
Capital supuestamente garantizado.
Oficinas.
Eventos.
Redes sociales.
Coches y una imagen de éxito.
Clientes que cobraban inicialmente y hablaban maravillas del negocio.
Captadores que introducían a amigos, familiares y compañeros.
Y contratos que hacían que todo pareciera mucho más seguro.
Esta vez ya no hablamos de una sospecha ni de una investigación abierta sobre el principal responsable.
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife condenó en marzo de 2026 a Mukesh Daswani a ocho años de prisión por estafa agravada en el denominado caso Tradex. La resolución absolvió a Francisco Imobach Pomares del delito de estafa.
Posteriormente, en mayo de 2026, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias rechazó recursos contra la condena de Daswani, manteniendo los ocho años de prisión; esa resolución todavía admitía recurso ante el Tribunal Supremo.
El gancho: hasta un 50% de rentabilidad en aproximadamente dos meses
Entre mediados de 2021 y julio de 2022, Daswani se presentaba como gestor y asesor financiero independiente bajo la denominación comercial Tradex Assets Management.
La propuesta resultaba extraordinariamente atractiva:
invertir dinero en operaciones de trading y obtener rentabilidades que podían alcanzar el 50% en aproximadamente dos meses.
Los inversores formalizaban contratos o realizaban transferencias y recibían supuestos informes de resultados; según la información de EFE sobre la sentencia, en algunos casos se trataba simplemente de capturas de pantalla que mostraban beneficios que no existían.
Pensemos en lo que significa un 50% en dos meses.
Una persona entregaba 10.000 euros y podía esperar recuperar aproximadamente:
15.000 euros.
No después de diez años.
Ni de cinco.
En dos meses.
El capital también parecía estar garantizado
Este es otro elemento esencial del caso.
Según la información publicada sobre la sentencia, no solo se prometían rentabilidades extraordinarias. La oferta transmitía además la idea de que se recuperaría el capital junto con el beneficio pactado.
Esto reduce psicológicamente la percepción de riesgo.
El inversor puede pensar:
“No puedo perder. Como máximo gano menos”.
Pero en inversión existe una regla fundamental: una rentabilidad extraordinariamente elevada y una aparente ausencia de riesgo deberían provocar precisamente el efecto contrario.
Cuanto más extraordinaria sea la promesa, más comprobaciones debes realizar antes de entregar un solo euro.
No parecía una estafa
Esta es probablemente una de las enseñanzas más importantes del caso Tradex.
Las estafas financieras no siempre llegan desde una página web mal traducida creada hace tres semanas.
Tradex construyó una apariencia de negocio.
Había oficinas.
Presencia en redes sociales.
Eventos con inversores.
Colaboradores.
Contratos.
Y una imagen de éxito económico.
Según la sentencia descrita por la prensa, todo ese despliegue contribuía a proporcionar credibilidad al negocio y atraer nuevos inversores.
Precisamente por eso funcionaba.
Algunos inversores cobraron: eso hizo todavía más creíble el negocio
Aquí aparece el elemento característico de un esquema piramidal o Ponzi.
Que una persona haya conseguido retirar dinero no demuestra por sí mismo que una inversión sea legítima.
En el caso Tradex, el tribunal dio por probado un mecanismo en el que el dinero de nuevos inversores permitía atender pagos comprometidos con inversores anteriores. EFE describe que la captación de nuevos clientes servía para hacer frente a esos pagos hasta que el sistema acabó colapsando en julio de 2022.
Esto explica uno de los fenómenos más peligrosos de las estafas piramidales:
las primeras personas que cobran pueden convertirse involuntariamente en los mejores comerciales del sistema.
“Yo he cobrado”
Imaginemos la situación.
Tu amigo invierte 20.000 euros.
Dos meses después recibe dinero.
Te enseña la transferencia.
No es una captura de una plataforma.
El dinero está realmente en su banco.
Entonces te dice:
“Funciona”.
Y tú inviertes.
Después entra tu hermano.
Tu compañero de trabajo.
Un empresario conocido.
Otro amigo.
El sistema adquiere así algo que ningún anuncio puede comprar:
recomendaciones de personas de confianza.
El problema aparece cuando el dinero nuevo deja de ser suficiente para cumplir las obligaciones anteriores.
Tradex se extendió a través de relaciones personales
La documentación periodística del proceso describe precisamente una captación muy apoyada en contactos personales.
Hubo inversores que, convencidos de que el negocio funcionaba, acercaron a otras personas.
Profesionales de distintos sectores introdujeron amigos, familiares y compañeros.
Esto crea un mecanismo de confianza extremadamente poderoso.
La víctima ya no está invirtiendo porque haya visto un anuncio de un desconocido.
Invierte porque alguien de su entorno le dice:
“Yo estoy dentro y a mí me está funcionando”.
El tribunal concluyó que el sistema era insostenible
Según la información publicada sobre la resolución, el tribunal consideró que el sistema era insostenible y que Daswani conocía al menos desde febrero de 2022 que no podía mantenerse con las rentabilidades prometidas.
A pesar de ello, continuaron entrando aportaciones y renovándose inversiones.
La sentencia concluyó que no todo el dinero recibido terminaba destinado a operaciones financieras: una parte se incorporaba al patrimonio del condenado y otra se utilizaba para atender beneficios aparentes de otros inversores y mantener la confianza en el sistema.
EFE coincide en que el mecanismo utilizaba nuevas aportaciones para afrontar pagos comprometidos anteriormente.
El 22 de julio de 2022 todo se derrumbó
El sistema terminó colapsando en julio de 2022.
Según la información sobre la sentencia, Daswani comunicó que no disponía del dinero necesario para pagar.
Dos días después se marchó a Emiratos Árabes Unidos.
Posteriormente fue detenido en Dubái después de emitirse una orden internacional de búsqueda y captura. La investigación también detectó cuentas en jurisdicciones como Lituania, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos, además de conversiones de fondos a criptomonedas.
La apariencia de éxito había terminado.
Y detrás quedaron los perjudicados.
La sentencia: ocho años de prisión
La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife condenó a Mukesh Daswani a:
8 años de prisión por estafa agravada.
Además, impuso una multa de 14.400 euros y estableció responsabilidades indemnizatorias cercanas a los dos millones de euros.
La Audiencia, sin embargo, lo absolvió de los delitos de frustración de la ejecución y alzamiento de bienes que también habían sido planteados en el procedimiento.
La absolución de Francisco Imobach Pomares también es importante
Este punto no debe omitirse.
Francisco Imobach Pomares fue absuelto.
El tribunal consideró que existían pruebas de su actividad comercial y de captación de inversores, pero no encontró acreditado suficientemente que conociera el engaño desarrollado por Daswani ni que supiera que el dinero de los clientes no se destinaba íntegramente a las operaciones financieras.
La resolución tuvo además en cuenta que, cuando tuvo conocimiento de lo sucedido, presentó una denuncia ante la Policía.
Este aspecto del caso demuestra por qué debemos ser rigurosos cuando hablamos de personas que aparecen alrededor de una estafa.
Captar clientes para un negocio que posteriormente resulta fraudulento no demuestra automáticamente que el captador conociera el fraude.
La responsabilidad penal debe probarse individualmente.
Las víctimas no tienen derecho a cobrar las rentabilidades ficticias
Hay otro aspecto de la sentencia especialmente interesante para las víctimas de estafas de inversión.
Según la información que recoge El Día, la indemnización no se calcula utilizando las rentabilidades prometidas en los contratos.
La razón es fundamental.
Si alguien entregó 100.000 euros y le prometieron convertirlos en 150.000, el daño no se transforma automáticamente en 150.000 euros porque así lo dijera un contrato utilizado dentro del fraude.
El tribunal parte del dinero efectivamente perdido.
Además, la resolución incrementó las cantidades en un 20% para compensar, entre otros factores, la privación del dinero y el deterioro patrimonial durante los años transcurridos.
Un contrato no convierte una inversión imposible en segura
Esta es otra gran lección del caso Tradex.
Muchas víctimas creen:
“Tengo contrato, así que estoy protegido”.
Un contrato es una prueba importantísima.
Pero su existencia no demuestra por sí misma:
que el negocio sea legítimo,
que exista realmente la inversión,
que quien recibe el dinero esté autorizado para prestar el servicio,
que las rentabilidades prometidas sean reales,
ni que el receptor tenga patrimonio suficiente para devolver el capital.
El caso Tradex llegó a contar con contratos perfectamente identificables.
Y eso no impidió el fraude.
Tampoco las oficinas, los coches o los eventos demuestran solvencia
La apariencia de riqueza constituye una poderosa herramienta de persuasión.
Oficinas modernas.
Vehículos de alta gama.
Viajes.
Joyas.
Eventos.
Redes sociales llenas de éxito.
Todo transmite un mensaje:
“Mira cómo vivo. Si confías en mí, tú también puedes conseguirlo”.
Pero ninguna de esas cosas demuestra que el dinero proceda de inversiones rentables.
La investigación del caso Tradex detectó gastos significativos relacionados con alquileres, vehículos de alta gama, viajes, hoteles, joyas y artículos de lujo.
La apariencia de riqueza nunca debe sustituir a la comprobación financiera y regulatoria.
Caso Tradex: siete enseñanzas que cualquier inversor debería recordar
El caso resume varias señales que Victifin considera fundamentales.
Rentabilidades extraordinarias: un 50% en dos meses debería activar inmediatamente todas las alarmas.
Capital aparentemente garantizado: rentabilidad enorme y riesgo prácticamente inexistente son una combinación especialmente peligrosa.
Primeros inversores cobrando: recibir un pago inicial no demuestra que exista una actividad económica sostenible.
Amigos recomendando el negocio: una persona puede captar a otras creyendo sinceramente que la inversión funciona.
Contratos: proporcionan evidencia documental, pero no garantizan legitimidad.
Apariencia de riqueza: coches, oficinas y eventos no demuestran solvencia.
Presión para reinvertir: cuando las ganancias aparentemente funcionan, la víctima puede terminar aumentando enormemente su exposición.
Antes de entregar 10.000 euros, haz una pregunta muy sencilla
Cuando alguien promete convertir:
10.000 € en 15.000 € en dos meses,
la pregunta no debería ser:
“¿Cuánto puedo ganar?”
Debería ser:
“¿Qué actividad económica puede generar de forma sostenible semejante rentabilidad y quién supervisa a la persona que va a quedarse con mi dinero?”
Después hay que comprobarlo independientemente.
No preguntárselo al comercial.
No preguntárselo al amigo que ya ha invertido.
No comprobarlo mirando Instagram.
Hay que verificar la empresa, quién recibe jurídicamente el dinero, qué autorización posee, dónde se custodian los fondos y cuál es exactamente el riesgo que asumes.
El caso Tradex demuestra por qué una estafa puede parecer legítima durante meses
Una estafa piramidal no necesita fracasar el primer día.
Precisamente necesita lo contrario.
Necesita funcionar aparentemente.
Necesita pagar.
Necesita testimonios positivos.
Necesita personas convencidas de que han encontrado una oportunidad extraordinaria.
Necesita que esas personas traigan a otras.
Y mientras siga entrando suficiente dinero, la apariencia puede mantenerse.
Hasta que las obligaciones superan las nuevas aportaciones.
Entonces llega el colapso.
El caso Tradex acabó con una condena de ocho años de prisión por estafa agravada, confirmada posteriormente en apelación por el TSJC, aunque todavía cabía recurso ante el Tribunal Supremo en la información publicada en mayo.
Para Victifin, la enseñanza es clara:
no necesitas estar delante de una página web falsa para ser víctima de una estafa de inversión.
Puedes tener delante una oficina.
Un contrato.
Un conocido.
Un supuesto gestor.
Personas que ya han cobrado.
Y una inversión de la que aparentemente todo el mundo habla bien.
La confianza nunca debe sustituir a la verificación.






