Operación Garona: así cayó desde Sevilla una red internacional de estafas y blanqueo que habría defraudado más de seis millones
La lucha contra las estafas digitales vuelve a demostrar algo que desde Victifin consideramos fundamental: detrás de determinados fraudes online no hay necesariamente un delincuente aislado operando desde un ordenador.
Puede existir una estructura organizada, con diferentes niveles, sociedades pantalla, mulas, movimiento internacional de dinero y conexiones entre distintos países.
La Operación Garona, desarrollada por la Policía Nacional y relatada ahora por ABC con motivo del Día de la Policía Nacional en Sevilla, constituye un ejemplo especialmente significativo.
La investigación terminó con:
34 detenidos.
De ellos, 28 fueron arrestados en Sevilla, donde, según la información publicada, residían los líderes y buena parte de los integrantes de la organización.
La cantidad presuntamente defraudada habría superado:
seis millones de euros.
Y para conseguir desarticular la estructura fueron necesarios años de investigación y cooperación con Interpol, Europol y la Policía alemana del estado de Baviera.
Una organización que llevaba más de 15 años operando
Uno de los datos más relevantes publicados por ABC es la longevidad atribuida a la estructura.
Según la información facilitada al periódico, el grupo llevaba:
más de 15 años operando en España y otros países europeos.
La organización estaría especializada en estafas y fraudes digitales, aunque también habría desarrollado otras actividades.
ABC señala la utilización de mulas y sociedades pantalla, además de un sistema relacionado con vehículos que eran adquiridos mediante impagos y posteriormente revendidos.
Es decir, no estamos hablando únicamente de una determinada modalidad de fraude.
La investigación apunta a una estructura con diferentes mecanismos para obtener y mover dinero.
El dinero robado necesita desaparecer
Esta parte resulta especialmente interesante desde la perspectiva de las víctimas.
Una estafa no termina cuando la víctima realiza una transferencia.
En realidad comienza una segunda fase:
mover el dinero.
El beneficio criminal tiene que separarse de la víctima y dificultar posteriormente su recuperación.
Ahí aparecen las cuentas intermedias.
Las mulas.
Las sociedades.
Los movimientos entre países.
Y diferentes mecanismos de blanqueo.
Por eso perseguir exclusivamente al interlocutor que habló con la víctima puede resultar insuficiente.
Hay que reconstruir toda la cadena.
La investigación comenzó desde abajo
Teresa, responsable de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal que participó en la investigación, explicó a ABC una de las claves del procedimiento.
Los investigadores fueron avanzando:
“desde el nivel más bajo de la jerarquía de la organización”.
Es un detalle extraordinariamente revelador.
Porque una estructura criminal puede diseñarse precisamente para mantener alejados a sus dirigentes de las actividades que tienen contacto directo con las víctimas.
En los niveles inferiores pueden aparecer personas que reciben dinero, facilitan cuentas, realizan determinadas gestiones o participan en operaciones concretas.
Seguir esas conexiones permite ir ascendiendo.
Cuenta tras cuenta.
Persona tras persona.
Empresa tras empresa.
Hasta intentar llegar a quienes controlan realmente la estructura.
Mulas y sociedades pantalla
ABC destaca expresamente dos instrumentos:
mulas y sociedades pantalla.
Las mulas financieras son una pieza especialmente importante en el fraude digital.
Una víctima española puede realizar una transferencia a una cuenta española y pensar que, por ello, el estafador está en España.
No necesariamente.
La cuenta puede constituir únicamente el primer eslabón.
El dinero puede salir inmediatamente hacia otra cuenta, otro país o convertirse posteriormente en otro activo.
Por eso Victifin insiste constantemente en conservar:
IBAN, titular, banco, fecha, importe y concepto de cada transferencia.
Una cuenta receptora aparentemente secundaria puede terminar conectando diferentes denuncias.
Cooperación internacional: Interpol, Europol y Alemania
La dimensión internacional de la Operación Garona obligó a trabajar con organismos y fuerzas policiales de otros países.
Según ABC, participaron en la cooperación:
Interpol, Europol y la Policía alemana del estado de Baviera.
Este dato enlaza directamente con uno de los principales problemas de la ciberdelincuencia contemporánea.
Las organizaciones criminales no respetan fronteras.
Las investigaciones sí tienen que respetar jurisdicciones.
Una transferencia puede atravesar varios países en muy poco tiempo mientras las autoridades necesitan mecanismos formales para obtener información y continuar la investigación.
Una investigación de años para desmantelar una estructura
La operación se ejecutó a comienzos de 2026, pero el trabajo no comenzó entonces.
Teresa explicó que conocer el funcionamiento de la red e identificar a sus integrantes había supuesto:
“varios años de investigación”.
Miguel Ángel, otro de los agentes condecorados, habló concretamente de más de un año y medio de investigación y de muchas horas de trabajo.
Esto ayuda a comprender por qué determinados procedimientos contra organizaciones de fraude internacional son tan complejos.
No basta con localizar un número de WhatsApp.
Hay que demostrar relaciones.
Movimientos económicos.
Participación.
Jerarquías.
Sociedades.
Cuentas.
Y conexiones internacionales.
La posible conexión con Black Axe
ABC introduce además un elemento particularmente relevante.
Según el periódico, la red estaba integrada por individuos de origen nigeriano:
“presuntamente vinculados a Black Axe, una organización criminal transnacional”.
Aquí es fundamental mantener exactamente la cautela de la información publicada.
Hablamos de una presunta vinculación.
No corresponde convertir esa referencia en una atribución definitiva a todas las personas investigadas.
Pero la aparición de una posible conexión con una estructura criminal transnacional vuelve a mostrar la dimensión que pueden alcanzar las investigaciones relacionadas con el fraude.
Seis millones de euros y una pregunta: ¿dónde terminó el dinero?
La red habría llegado a defraudar:
más de seis millones de euros.
Para las víctimas existe entonces una pregunta inevitable.
¿Dónde está ese dinero?
Porque detener a los integrantes de una organización y recuperar el patrimonio de las víctimas son problemas relacionados, pero diferentes.
La investigación patrimonial es fundamental.
Hay que localizar cuentas, propiedades, sociedades, vehículos y otros activos susceptibles de estar vinculados a los beneficios obtenidos.
El fraude digital es también delincuencia económica
Existe una tendencia a imaginar la ciberdelincuencia exclusivamente como un problema tecnológico.
Pero operaciones como Garona muestran otra realidad.
La tecnología puede ser simplemente el instrumento de captación o ejecución.
Después aparecen mecanismos clásicos del crimen económico:
cuentas bancarias, testaferros, sociedades, transferencias, compraventas y blanqueo de capitales.
Por eso combatir las grandes estructuras de fraude requiere tanto especialistas tecnológicos como investigadores financieros.
Victifin lleva años insistiendo en mirar detrás de la pantalla
Cuando una víctima entra en un grupo de WhatsApp puede ver un profesor, una asistente y decenas de supuestos inversores.
Cuando realiza una transferencia ve un IBAN.
Cuando entra en una plataforma ve un saldo.
Pero ninguna de esas piezas permite necesariamente observar la estructura completa.
Detrás puede haber personas encargadas de captación.
Otras que hablan con las víctimas.
Otras que proporcionan cuentas.
Otras que mueven el dinero.
Y otras que dirigen o financian la infraestructura.
Por eso es tan importante unir denuncias aparentemente independientes.
Dos víctimas que creen haber sufrido estafas completamente diferentes pueden descubrir que transfirieron dinero a la misma cuenta o que fueron captadas mediante infraestructura relacionada.
La información de las víctimas puede convertirse en inteligencia
Aquí hay una enseñanza especialmente importante de la Operación Garona.
Si los investigadores consiguieron ascender desde los niveles inferiores de la organización, los pequeños datos importan.
Un teléfono importa.
Un IBAN importa.
Un correo importa.
Un dominio importa.
Una sociedad receptora importa.
Una wallet importa.
Un administrador de WhatsApp importa.
Individualmente pueden parecer datos insignificantes.
Cuando se cruzan cientos de denuncias pueden empezar a dibujar una red.
Teresa y Miguel Ángel, condecorados por la investigación
La publicación de ABC se produce con motivo del acto institucional del Día de la Policía Nacional en Sevilla, en el que se entregaron 103 cruces al mérito policial con distintivo blanco.
Entre las personas reconocidas se encontraban Teresa, responsable de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, y Miguel Ángel, uno de los integrantes del equipo que participó en Garona.
Ambos pusieron el acento en algo que a menudo queda fuera de las cifras:
las horas de investigación y el trabajo colectivo necesarios para llegar hasta una organización de estas características.
Miguel Ángel destacó también el sacrificio personal y el apoyo de las familias de los investigadores.
De Sevilla a Europa: las estafas ya no pueden investigarse aisladamente
Garona deja una conclusión especialmente importante.
Una investigación puede comenzar con una persona situada en el nivel inferior de una estructura y terminar descubriendo conexiones internacionales.
Eso explica por qué resulta imprescindible mejorar continuamente el intercambio de información entre:
Policía Nacional.
Fiscalía.
Juzgados.
Europol.
Interpol.
Unidades de inteligencia financiera.
Entidades bancarias.
Exchanges.
Y autoridades extranjeras.
La velocidad del movimiento del dinero obliga a que la cooperación sea cada vez más rápida.
Las víctimas también tienen un papel fundamental
Cuando una persona descubre que ha sido estafada puede pensar que ya no sirve de nada conservar determinados datos.
Es exactamente lo contrario.
No debe borrar conversaciones ni abandonar inmediatamente los grupos sin preservar previamente las pruebas.
Debe conservar capturas, exportaciones de chats, teléfonos, enlaces, documentos, anuncios, nombres utilizados, plataformas, IBAN, titulares de cuentas y justificantes.
Y si hubo criptomonedas:
wallet, blockchain, exchange y TxID.
Ese material puede resultar útil no solamente para investigar su caso.
Puede permitir conectarlo con otros.
Operación Garona demuestra por qué hay que seguir el dinero
Los números de esta investigación son importantes:
34 detenidos.
28 de ellos en Sevilla.
Más de seis millones de euros presuntamente defraudados.
Más de 15 años de actividad atribuida a la organización.
Pero posiblemente la principal enseñanza esté en el método.
Los investigadores fueron avanzando desde los niveles inferiores hasta profundizar en la estructura.
Ese mismo principio resulta esencial frente al fraude financiero digital:
no quedarse con la pantalla. Seguir el dinero.
Detrás de una transferencia puede haber una cuenta.
Detrás de la cuenta, una mula.
Detrás de la mula, otra cuenta.
Después una sociedad.
Después otra jurisdicción.
Y detrás de todo ello puede aparecer una organización mucho mayor de lo que imaginaba la primera víctima.
La Operación Garona demuestra precisamente por qué las grandes estafas digitales deben investigarse como redes y no únicamente como incidentes aislados.






