El origen: Tel Aviv se queda sin negocio
Hasta 2017 Israel era el centro mundial de las opciones binarias. Cientos de empresas, concentradas en Ramat Gan y la calle Jabotinsky, vendían apuestas disfrazadas de inversión. The Times of Israel lo contó en la serie The Wolves of Tel Aviv. Ese año Israel prohibió el sector. El personal, el software y el modelo no desaparecieron: se mudaron a sitios con mano de obra barata y multilingüe y con menos control. Ucrania, Georgia, Albania, Bulgaria y Chipre fueron los destinos habituales. Milton Group es el caso mejor documentado de esa emigración.
David Todua, el puente georgiano-israelí
David Todua nació en Georgia y emigró a Israel de niño, en los años noventa. A los treinta y tantos era ciudadano israelí, vivía en Chipre y era dueño de Naspay, una pasarela de pagos con sede chipriota por la que pasaba el dinero de varias marcas vendidas desde Kiev. El denunciante interno del call center lo vio varias veces en Mandarin Plaza. En la fiesta de fin de año de 2019, Jacob Keselman lo presentó como el “padre” de la empresa y le dio un regalo. Todua ha negado siempre ser dueño de Milton. En los registros ucranianos el titular formal era Irakli Dadivadze, un nombre que las investigaciones tratan como testaferro. La FSB rusa lo tiene en busca y captura desde 2024. No consta una condena occidental contra él.
Su valor para la red no era solo el pago. Era el nexo con Georgia.
David Kezerashvili, el exministro
Davit Kezerashvili fue ministro de Defensa de Georgia entre 2006 y 2008, bajo Mijeíl Saakashvili, y antes jefe de la policía financiera. Tras dejar el cargo se enfrentó a causas en Georgia (una condena en rebeldía por desvío de fondos del ministerio) y se instaló en Londres. El Reino Unido no lo extraditó.
Con Todua compartía empresas en Ucrania, entre ellas Project Partners, una inmobiliaria cuyo despacho estaba al lado del call center de Milton en Kiev. BBC Eye, años después, encontró su nombre detrás de inmuebles: un edificio de oficinas en Kiev donde operaban a la vez el call center que vendía EverFX y las firmas de software, y otro bloque en Tiflis con las mismas tecnológicas. En los papeles de sociedades ligadas a las plataformas aparecen una y otra vez Rati Tchelidze, Guram Gogeshvili, Joseph Mgeladze y Michael Benimini; varios de ellos ya figuraban en estructuras offshore anteriores que, según la BBC, conducían de algún modo a Kezerashvili.
Rusia lo acusa de ser el fundador y beneficiario, le atribuye ingresos ilícitos de unos 12,6 millones de dólares y lo tiene detenido en rebeldía desde octubre de 2024. Él dice que es una campaña política. No hay una condena occidental por Milton Group. Lo que sí está publicado es la coincidencia de socios, edificios y empresas tecnológicas.
Jacob Keselman, el Lobo de Kiev
Jacob (Jakob) Keselman, ciudadano israelí-ucraniano, era la cara visible. Se hacía llamar “el Lobo de Kiev” en Instagram, en alusión a El lobo de Wall Street, y posaba con coches de lujo. Era el CEO del centro de Mandarin Plaza. Cuando Dagens Nyheter y OCCRP lo llamaron en febrero de 2020, negó el fraude: los clientes perdían dinero, dijo, porque no entendían el forex ni las criptomonedas. No respondió al cuestionario largo que le enviaron.
Tras la publicación la sociedad ucraniana pasó a llamarse Brain Pro LLC. En diciembre de 2024 la FSB lo detuvo en Moscú, junto con otros diez directivos y empleados de oficinas que, según los rusos, facturaban hasta un millón de dólares al día. Daniil Zaichenko y Yevgeny Zolotarev, señalados como gestores de esas oficinas, habían sido arrestados ya a finales de 2023. El caso ruso mezcla la estafa con otra acusación (avisos falsos de atentados) que las fuentes occidentales no han corroborado.
Mikheil Biniashvili, el que sí fue condenado
Mikheil Biniashvili, georgiano e israelí, de unos 50 años y de formación jurídica, es la pieza con final judicial claro. La fiscalía de Baviera lo sitúa al frente del call center de Tirana entre finales de 2014 y mayo de 2019. En el pico empleaba a unas 600 personas y vendía al menos 28 plataformas. El tribunal de Bamberg le atribuyó unos 8 millones de euros de daño a víctimas de Alemania, Austria y Suiza, más otros 42 millones por suministrar después el software PumaTS a otras operaciones. La acusación hablaba de un daño documentado de 52 millones y de un campo oscuro de al menos 180.
No lo pillaron en una redada. En agosto de 2023 bajó de un avión en Ereván y lo detuvieron por una orden europea. Alemania lo recibió en mayo de 2024. El 27 de febrero de 2026, tras un juicio de once días con medidas de seguridad reforzadas, Bamberg lo condenó a siete años y medio. Confesó, se disculpó y se le decomisaron 2,4 millones de euros. La sentencia podía recurrirse. Es, hasta ahora, el único gran nombre de la red con una condena occidental publicada.
Albania: el asesor del ministerio
El centro de Tirana no estaba a nombre de Biniashvili en el registro. Las empresas CTA Groupe y APA Liaison pertenecían a Amant Josifi, asesor del Ministerio de Defensa albanés, fotografiado en una fiesta junto a Todua. OCCRP lo publicó en 2020. En las redadas del 8 y 9 de noviembre de 2022 se registraron seis centros albaneses y se detuvo a Adrian Korriku, Iris Puce, Berlando Saraçaj y Erindi Pysqyli; dos de ellos iban camino de la extradición a España, porque los Mossos contaban más de 17.000 víctimas españolas. Seis organizadores de mayor nivel quedaron en busca. Josifi no aparece entre los condenados en las fuentes abiertas.
Georgia: Morgan Limited
En Tiflis la misma estructura se llamaba a menudo Morgan Limited. La titular registral era Natalia Plutenko, ucraniana, antigua directora de una sociedad cuyo único accionista era Vladislav Voronin. En las fotos de las fiestas aparece un hombre etiquetado como “Danilo Z.”, junto a Keselman, con la bandera georgiana. Las redadas de 2022 también entraron en esos despachos. BBC Eye acompañó después a la policía alemana y georgiana en un registro en Tiflis y vio pantallas llenas de números británicos.
El software, el segundo negocio
Cuando los call centers empezaron a caer, parte del dinero ya no estaba en las llamadas sino en el programa. Biniashvili pasó de dirigir Tirana a vender PumaTS. La fiscalía bávara dice que ese software acabó en cientos de marcas. En marzo de 2026 Bamberg abrió otro juicio, contra un israelí identificado solo como Shay B., CEO de Airsoft, por hechos de 2015 a 2021. No es Milton en sentido estricto, pero es el mismo ecosistema: quien vendía la herramienta cobraba un porcentaje de lo que los centros recaudaban.
Cómo encajan
No hubo un fundador único que reclutara a todos en una habitación. Lo que se ve en los papeles es un cruce de tres mundos. De Israel salieron operadores y pasarelas después de la prohibición de 2017. De Georgia salieron exfuncionarios de la era Saakashvili con empresas, edificios y contactos en Kiev. En Ucrania, Albania y Macedonia se montaron los centros, con cientos de jóvenes contratados como “brokers” y con un titular formal que no era quien mandaba. Keselman ponía la cara. Todua ponía el pago y, según el denunciante, la bendición. Kezerashvili ponía inmuebles y sociedades, y lo niega. Biniashvili ponía Tirana y luego el software, y es el único al que un tribunal europeo ha condenado por ello.
El resto —los cientos de vendedores, los directores de marcas pantalla, los seis albaneses aún buscados— no tiene biografía pública. La red, como nombre, murió en 2020. Como negocio, se fragmentó en 2022 y 2024, y el primer cierre judicial grande llegó en Bamberg en febrero de 2026.
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